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  • Equipo Criando Contigo

NO AL CASTIGO


Al parecer el castigo (físico, psicológico, de aislamiento) sigue siendo una técnica válida de crianza, usada en muchas familias. No los culpo. Es lo que conocemos, lo que nos parece bien porque “a mi me castigaban y yo no estoy mal”, es lo más fácil y, además, “los niños tienen que aprender”.

Este último comentario es el que no me hace sentido y no puedo evitar preguntarme ¿cómo espero que mi hijo aprenda a través del castigo?, ¿qué quiero enseñarle?, ¿qué espero que aprenda?. Al parecer, no estamos muy enterados de las condiciones que el cerebro de un niño requiere para poder aprender.

Honestamente, no creo que el estar solo, asustado, triste por un golpe que recibiste de quien “más te ama” ayude a generar el ambiente propicio para que pueda ocurrir el aprendizaje. Más bien, genera un ambiente de miedo, soledad e incomprensión.

Probablemente muchos padres y madres no estén conscientes que, desde la perspectiva del cerebro de un niño, el decir “te amo” no es suficiente, porque cuando los niños son enfrentados a lenguajes contradictorios como por ejemplo, “te quiero, pero te pego” / “te quiero, pero te dejo solo y apago la luz”, donde lo verbal se contradice, absolutamente, con los actos, los niños siempre pondrán atención a los actos, no a las palabras. Eso es lo que recuerdan, eso es lo que creen, con eso crecen. Por eso es tan importante que nosotros, los adultos, pongamos atención a lo que estamos comunicando con nuestro lenguaje no verbal. La parentalidad debe ser ejercida intencionalmente, no en modo piloto automático.

El castigo físico hacia nuestros hijos hace que su cerebro, aún pequeño, secrete altos niveles de cortisol, la hormona del estrés. Si nuestro hijo ya está enojado o asustado por algo que ha ocurrido, ¿qué creen ustedes que puede pasar si le sumo un castigo? Evidentemente, nos percibe como una amenaza (una amenaza que los ama, por su puesto). Nuestro tono de voz y expresión facial cambian, somos más intimidantes.

La verdad es que con el castigo, en cualquiera de sus formas, solo nos estamos haciendo cargo del comportamiento. Ni siquiera estamos asegurando que no vuelva a ocurrir. No se produce ningún aprendizaje porque no sabemos qué está gatillando ese comportamiento; no conocemos las causas porque no hemos querido conectarnos con nuestros hijos. Y, al igual que con una enfermedad, si no conocemos las causas y sólo tratamos los síntomas, la enfermedad seguirá apareciendo una y otra vez.

Seamos conscientes de nuestros actos y las implicancias para nuestros hijos. Aprendamos a reconocer la diferencia entre castigo y consecuencia natural de los actos. Recordemos que disciplinar significa guiar, mostrar el camino, acompañar en el aprendizaje. Los límites pueden ser establecidos sin generar miedos ni distanciamientos. ♥

Foto: www.somospacientes.com

#castigo #conectarse #crianza #aprendizaje

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