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  • Equipo Criando Contigo

IDEAS A TENER EN CUENTA CUANDO TE ENFRENTAS A UNA PATALETA


La semana pasada un pediatra chileno, Dr. Roberto Balassa, recomendó duchas frías para los niños que hacen pataleta (o tienen un berrinche). Además de eso, indicó a los padres no hacer caso a las rabietas de sus hijos y dejarlos llorar hasta que se cansen porque los niños son “actores” y “manipuladores”.

Si , al igual que yo, le cuesta creer que un profesional de la salud, preocupado del bienestar de los niños, haya hecho semejante declaración, puede leer la entrevista aquí.

Para mi sorpresa, leí muchos comentarios de padres y madres que estaban de acuerdo con las propuestas del pediatra ya que, según decían, “hay que disciplinar a los niños” y “llega un momento en que uno no sabe q hacer para que los niños aprendan”. A pesar de los muchísimos comentarios que leí, todos los padres parecían coincidir en dos cosas: 1) quieren disciplinar a sus hijos y 2) quieren que sus hijos aprendan.

Entonces, ¿qué proponen los expertos para enfrentar este tipo de situaciones? Podría citar a muchos, pero los que más me gustan son: Daniel Siegel (Médico, Especialista en Neurociencias y Desarrollo del Cerebro Infantil, Profesor de Psiquiatría de la UCLA) y Janet Lansbury(Educadora de Padres y Escritora).

Lo primero que hay que saber es que todo lo que te propongan, que no te parece respetuoso, que no lo intentarías con tu pareja, ni con tu mejor amiga, ni con tu abuela, ¡no debes hacerlo con tu hijo! Simple. ¿Meterías a tu abuela a la ducha fría si llega llorando? ¿Dejarías que tu amiga llore desconsolada en la calle, sola, mientras tu te vas para que se calme? Bueno, entonces tampoco debes hacerlo a tu hijo.

Como ya he dicho en otras publicaciones, para esto de la crianza no hay recetas. Lo que sí hay, son recomendaciones que toman en cuenta el desarrollo del cerebro de los niños y, por tanto, sería bueno tenerlas en cuenta en caso de emergencia.

PRIMERO: CONECTARSE.

¿Porqué conectarse? Porque ayuda a que tu hijo se mueva de un estado REACTIVO a un estado RECEPTIVO. Eso significa que, si tu objetivo es disciplinar o lograr que tu hijo aprenda algo, primero debes calmarlo; de lo contrario, tendrás una simple lucha de poder de la cual tu hijo no sacará ningún tipo de aprendizaje. ¿Qué significa conectarse? Acercarse, agacharse, tomarlos en brazos, abrazarlo, hablarle suave/calmado, empatizar. Hazle saber que lo comprendes. Valida sus emociones, aunque no estés de acuerdo con el comportamiento (esto último, puedes hacerlo notar: “Entiendo que estás enojado, pero no puedo dejar que le pegues a tu hermana”).

Sé que cuando un niño llora, dan ganas de que se calme pronto y si el niño sigue llorando lo que pasa, en general, es que los grandes nos descontrolamos. Bueno, tenemos que evitar descontrolarnos. Tenemos que olvidarnos que estamos en una escena de una película de terror y calmarnos. Después de todo, si no nos controlamos, no podemos esperar que nuestro hijo lo haga. Nosotros modelamos el comportamiento.

No te enfoques solo en el (mal) comportamiento de tu hijo. Busca el motivo: “¿Por qué?” ¿Por qué está actuando así? ¿Estará cansado, con hambre o aburrido? ¿Qué me está comunicando? Recuerda que el llanto no es solo ruido molesto, sino que tiene como objetivo comunicar algo.

Otra cosa importante para conectarnos con los niños (o con cualquiera) es nuestro tono de voz. Lo que sea que digamos, es importante cuidar la forma en que lo decimos. Piensen en decir “te quiero” de forma amable y cariñosa y luego, decir “te quiero” enojados y furiosos! Lo que transmitimos en ambos casos, es muy diferente.

Dejar de hablar y escuchar al niño es una maravilla. Inténtenlo. Si tu hijo está llorando, enojado o frustrado, no intentes sermonear. No es el momento. Si tu hijo no ha logrado un estado un estado receptivo, mejor deja que hable y tú, escucha, y luego refleja lo que te ha dicho (repite). De esa forma, tu hijo sabrá que pusiste atención y que, efectivamente, lo escuchaste. Muchas veces, ese simple acto logra calmar a los niños o, al menos, sacarlos de su estado de extrema reactividad.

AHORA PUEDES REDIRIGIR.

Si lograste que tu hijo se calme, puedes hacer lo que tantos padres desean: disciplinar y lograr que tu hijo aprenda. Ahora tu hijo está en un estado receptivo (y tu también); es decir, está listo para que puedas enseñarle y pueda entenderte. Además, mientras lo calmabas, le enseñaste, sin darte cuenta, a comprender sus propias emociones y a enfrentar situaciones difíciles; y le enseñaste a empatizar cuando reflejaste (o repetiste) lo que el te contó.

Es cierto que la ducha fría es mucho más fácil. Es cierto, también, que ponerse a gritar descontroladamente y dar sermones es mucho más fácil. Dejar a nuestro hijo en la pieza hasta que se calme, solo, sin entender sus emociones, también es fácil. Pero esto de la crianza no tiene porque ser fácil. Después de todo, AMAR-CUIDAR-RESPETAR deben ir siempre unidas. Como dijo Magda Gerber “en el nombre del amor se han hecho (y se siguen haciendo) muchas atrocidades, pero nada atroz se ha hecho en nombre del respeto”.

Finalmente, si lo que buscan es disciplinar a sus hijos o, dicho de otra forma, lograr que tengan un mejor comportamiento, tenemos que recordar que la disciplina busca ENSEÑAR. Si esto se nos olvida, la disciplina se convierte en castigo y nos perdemos la maravillosa oportunidad de enseñar. ♥

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